En el aire común de la tierra

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En esta época de sobrecarga mediática y amnesia instantánea, su influencia al compartir este contenido es mucho más poderosa que cualquier campaña

Tú lector, palpitas de vida y de orgullo y de amor como yo, para ti, pues, estos cantos. WALT WHITMAN

A Anastasio Sánchez

 

Al ver la herida de tanto abandono

busco a quien contar este silabeo sangrante

que late en el pecho que más me duele.

(Aquí tenéis mi voz silenciada en el papel)

 

Una palabra estremcida, una sola palabra

como luz en el sol, despierta, pregunta

desnuda la frente y respira fuera de si misma

mira desde la tierra el orgullo, aprende a ser barro

aprende a mirar con otros ojos el espacio del dolor

se ven tantas cosas en los mercados de sangre.

Ah! la tierra está cansada de moribundos.

Donde el silencio extiende su sombra

un corazón descabalado respira su tristeza

escribiendo desdichas entre jirones de aurora

castigado por la lluvia

vestido con harapos de muerte

su voz perdida se queja al borde del mundo

con las manos rechazadas, sin trabajo

sin un rincón de cielo, cose los días en su alma

tiene permiso para olvidar que es humano.

¿No sientes su dolor en tu cuerpo?

 

Allí donde se estremece estoy presente

como un viento susurrante abro la puerta

y acompaño al pánico y al gemido

sin decir nada.

El hambre es una espina que se clava dentro

un incendio que quema y arde sin fuego

su golpe de sepulcro abierto

se oye doliente y frío.

Desafiemos al infinito con las manos

por un pan con letras de ternura

arañando el hielo del egoísmo estéril

que ahoga rincones de esperanza

desafiemos las cadenas del hambre

mordiendo las piedras de la calle

con los labios, con los ojos

con los desnudos dientes de la rabia.

Exijamos la justicia del hambriento

por todos los que no comen

por todos los que no han comido

almas que al peso del hambre sucumben

con su hambre santa, con su hambre impía.

Hay que destejer el cansancio, quemar el miedo

bañarse en la tumba de la pobreza

aferrarse a la riqueza de andar por el suelo

se ven tantas cosas en el aire común de la tierra.

Si. El dolor y la tristeza tienen nombres.

Aún podemos hacer las preguntas que desnudan

esas que derriban los muros del conformismo

y acallan el ruido de la buena conciencia.

Aún queda una oportunidad derramada en la esperanza

hagamos sonar las campanas, los latidos ocultos

hay luz en la sombra siniestra de la maleza.

 

Tejido con las fibras del coraje

abierto al tiempo de las tormentas

el corazón crece y se agita.

En el borde de la rebeldía y la cólera

apedreando al silencio resignado

el corazón crece y se agita.

Donde el llanto se apaga en vida

y una lágrima perdida gime airada

el corazón crece y se agita.

 

Juntemos todas las voces a sangre en cuello

entonando coplas que no son rezos

rompamos los gritos sofocados

las protestas mudas

sellando el aire con banderas de aurora.

Una palabra, una sola palabra

afilada hasta que corte

por el derecho a la alegría postergada.

 

Ahora más que nunca

entre la basura y las flores

necesitamos besos con alma

puños de piedra palpitantes

necesitamos conducir el destino encarcelado

deshojar la calistenia moral que despena.

Aún nos sobra una mano vegetal, un soplo

una semilla que extienda el eco libre de la vida.

 

Una palabra, una sola palabra…

es casi todo y no es casi nada.

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