Tú lector, palpitas de vida y de orgullo y de amor como yo, para ti, pues, estos cantos. WALT WHITMAN
me veo aquí
esperando a que caiga la tarde
y nos despoje de toda perspectiva
feliz y sorprendido como un adolescente
que encuentra entre sus dedos
la mano temblorosa que tanto ha deseado
levanto la mirada más allá de las ruinas
más allá de los libros que he leído
más allá de la historia que aprendí
más allá de la imagen que idea mi cabeza
por encima del cine los museos la tele
y creo contemplar la vida y su ajetreo
oigo gritos de orgasmos y partos en la alcoba
el bullicio de niños que juegan
de niños que enferman
los cantos a la vida de las celebraciones
los llantos doloridos cuando llega la muerte
los ayes mercenarios que ensucian el silencio
cuando cumplen su oficio las viejas plañideras
creo sentir como un guerrero
un infante armado tan solo de su espada
en guardia ante el ataque de la caballería
saber para quien guarda
el que pudiera ser si no hay fortuna
su último deseo
sentir que soy feliz
porque es tiempo de paz y es tiempo de cosecha
espera la mies que mi mano la doble
contra el filo cortante de la hoz
ya negrean las brevas
entre hojas tupidas de la higuera
golpea el abultado vientre
de una mujer joven
el afán de su hijo que ya quiere nacer
creo escuchar cómo
un anciano ciego se refugia
en un rincón tranquilo al lado del hogar
donde no estorba a nadie
va desgranando historias consejos oraciones
para quien quiera oírlo
el anciano me dice
que si cuento la historia
de estas piedras antiguas
es porque son las crónicas
todas la misma crónica
un relato tejido
sobre la misma urdimbre
donde el azar decide
el orden de las hebras
donde lo mismo vale
para darte consuelo
la piel que descubriste
con el primer abrazo
que ese beso teñido
de gris que fiel amante
al cabo de los años
tu espejo te devuelve
(Del libro Versos sin culpa)
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