Calles, testimonios de la historia

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La calle Mayor parte de su iglesia parroquial y se convierte en la sede del poder de los nobles

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Descripción

El crecimiento de las ciudades podemos contemplarlo siguiendo los ejes que marcaron su desarrollo. En las ciudades medievales, a partir del castillo o cerco amurallado, laberintos de calles amparan la vida de sus habitantes.

El clero hace ostentación de su riqueza mediante la construcción de sus iglesias. Y la nobleza lo hace a través de sus casas, palacios y castillos

El lugar que ocupan las iglesias en los pueblos marca la línea de calles por donde los nobles levantan sus palacios y casas solariegas. La Calle Mayor parte en cada municipio de su iglesia parroquial y se convierte en la sede del poder de los nobles. Las casas solariegas que ennoblecen sus calles nos hablan del poder y riqueza de quienes las habitan. En su interior, la nobleza dormita en la molicie de sus privilegios y rentas. Si el clero hace ostentación de su riqueza a través de la construcción de sus iglesias. La nobleza lo hace a través de sus casas: como manifestación de sus privilegios y propiedades. 

Otros nobles levantan castillos. Desde aquí controlan la política de los ayuntamientos y concejos que son –casi siempre– portavoces de sus intereses. Las apergaminadas señas de identidad con las que se decoran estas casas solariegas, contrastan con la hermosa simplicidad de las callejas humildes. Con el estrecho reparto de un espacio compartido con el vecino en una convivencia de portaleo.

 Todas las ciudades tienen algo que merece la pena ser captado

Así, alrededor de torres y espadañas, las calles se van poblando. Junto a los muros de las iglesias buscará el pueblo el eco a sus plegarias y encontrará refugio su esperanza, mientras realiza sus conjuros y rogativas para protegerse de los males que le aquejan. 

Todas las ciudades tienen algo que merece la pena ser captado. En todas crece una chispa oculta que merece ser buscada. Unas la muestran con más desparpajo, otras se recatan más. Pero en sus calles, testimonios de la historia, aún se puede lograr la fértil comunicación con el tiempo. Con ese tiempo que parece haberse detenido sobre una imagen viva del pasado que aún permanece entre nosotros.

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