Templos al Dios triunfante

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Gracias a los diezmos y donaciones de los fieles, las iglesias cristianas se enriquecieron 

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Descripción

Tras el resurgir económico del siglo XVI los términos municipales se abren a la llegada continua de nuevos repobladores. 

Aunque de forma desigual, el proceso de roturaciones avanza. La agricultura se convierte en la actividad principal y la tierra en el bien supremo al que todos aspiran. Las cosechas se suceden unas a otras.

 Diezmos o Tributos de Dios

En medio de tanta abundancia, la Iglesia se asegura su parte. Se establecen impuestos del diez por ciento sobre las personas y las cosas. Se les llamaba Diezmos o Tributos de Dios

Existían diferentes tipos de diezmos. Pero los más importantes eran aquellos que gravaban los productos básicos, como los cereales y el vino. A veces la Iglesia hacía uso de estos productos y otras veces los vendía. 

Gracias a los diezmos y las donaciones de los fieles, las iglesias cristianas se enriquecieron. Con su creciente riqueza les sobrevino una impresionante fiebre constructora. 

En todas partes parece urgente levantar templos al Dios triunfante

La manía de construir catedrales que se había extendido por toda Europa, también llega a tierras de la antigua Cora de Tudmir. Las diócesis, además de ricas y dinámicas, querían que los canteros construyesen la nueva Jerusalén. Un lugar perfecto y grandioso para que Dios viviese en la tierra. 

La paz de Dios que reina en todo el territorio, se magnifica con la construcción de la Catedral de Santa María y las nuevas iglesias parroquiales.

En los barrios cercanos a las huertas también se construirán iglesias, pero con materiales sencillos. Son las iglesias de los que están más necesitados de la fe para poder soportar los rigores de la vida. De una vida que les ha dejado como herencia el trabajo y los impuestos.

La religión cristiana será el nuevo elemento aglutinado de la sociedad civil que está empezando a formarse. La cruz pierde el filo con el que la defendieron las ordenes militares. Y ahora se aplica en la cristianización de una tierra tantos siglos musulmana.

En las ciudades, las iglesias marcan la línea de calles sobre las que la nobleza levanta sus palacios y casas solariegas.

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