Órdenes religiosas: La paz de Dios

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Con la caída del Reino de Granada, la cruz victoriosa se levanta sobre la media luna

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Descripción

Con la caída del Reino de Granada cae el último baluarte del poder musulmán en la Península Ibérica. En 1492 finaliza el dominio musulmán en España y las órdenes religiosas imponen la paz de Dios. 

Un mundo vacío

Tras la victoria cristiana, el sureste pierde el carácter de frontera que ha mantenido durante dos siglos de guerra. Por fin, la enseña de la cruz victoriosa se levanta sobre la media luna en una tierra tantos siglos musulmana.

Las órdenes religiosas toman el testigo de las órdenes militares y llevan la fe de la cruz victoriosa por los campos

Acabada la guerra, el paisaje es desolador: tierras abandonadas, sin nadie que las cuide. Así que este mundo vacío pide ser ocupado por gentes que le den vida de nuevo. Que labren sus campos, fertilicen la tierra con semillas, que saquen los rebaños a pastar, que reconstruyan sus casas y pueblos abandonados.

Las órdenes religiosas levantan sus conventos

Las órdenes religiosas tomarán el testigo de las órdenes militares y serán los avanzados de esta ocupación. Franciscanos, carmelitas y jesuitas buscaran sitio entre los humildes. Ellos son los que se encargan de llevar la fe de la cruz victoriosa por los campos. Y también de impartir la escasa educación que llega a los habitantes de esta tierra.

Gracias a las donaciones que la piedad o el interés de los fieles les conceden, los frailes pueden ir levantando las tapias de sus conventos. Estos serán los centros de su misión evangelizadora. La sencillez de líneas de sus fachadas parecen llamar al recogimiento, con su anónima genuflexión entre los demás tejados. 

Un personaje entrañable para los que han dolido del amor divino y para los que no, ha quedado en estas tierras. Con la ayuda de su bastón de andariego fundador, San Juan de la Cruz dejó su huella en tierras que  llevan su mismo apellido. A mediados de diciembre de 1586 llegó a Caravana de la Cruz para dejar una fundación de frailes franciscanos. Él se marchó, pero su amor por el recogimiento permanece entre los muros de sus conventos.

Con el resurgir económico del siglo XVI, la iglesia se asegura su parte mediante impuestos a las personas y cosas. Debido a su creciente riqueza parece urgente levantar templos al dios triunfante.  

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