Almendro: Prunus dulcis

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En hebreo se conoce como «el árbol que vela», como si guardara con sus flores abiertas a los demás árboles hasta que despierten en primavera

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Descripción

El almendro –prunus dulcis– es un árbol típico de la cuenca mediterránea. Como otros cultivos, fue introducido por los musulmanes en la Península Ibérica. Es un árbol fácil de encontrar en terrenos ondulados, en las laderas de los montes o en suelos algo pedregosos. Su floración es temprana y en hebreo se conoce al almendro como «el árbol que vela». Como si guardara con sus flores abiertas a los demás árboles hasta que despierten en primavera.

A mediados del siglo XIX se extienden las plantaciones de árboles de secano.  El olivar que continúa su avance acaba estancándose y retrocediendo en el primer tercio del siglo XX. El almendro, sin embargo, inicia su expansión que continua hasta hoy.

La expansión del almendro

A principios del siglo XX, la plaga de la filoxera arrasa los viñedos en España. En tierras del sureste una parte de los terrenos de secano fueron repoblados con almendros. Es frecuente ver plantaciones de almendros combinados con cebada. El motivo son las condiciones climáticas y al deseo del agricultor de aprovechar al máximo el suelo,

En otoño el tractor hunde su arado profundamente en la tierra y abre los surcos. Se preparan para recibir un agua siempre escasa en estos campos. El agricultor sabe que si no llueve la cosecha será escasa y su esfuerzo habrá servido de poco.

Con la llegada de la primavera, las flores blancas y rosadas de los almendros empiezan a abrirse sobre las ramas. Al principio con cierto temor al frío, a la escarcha y al rocío que, junto a las plagas, son sus peores enemigos. Poco tiempo después, los pétalos caen como una lluvia de copos de nieve sobre los campos secos.

Al final del verano, cuando el calor aún se siente con fuerza, empieza la recolección de la almendra. Las cuadrillas de vareadores que recorren los almendros golpeando sus ramas, van dejando su puesto a las máquinas. 

Y la mecanización, en su búsqueda por ahorrar mano de obra, la ha reducido a la mínima expresión. Un  hombre con su máquina lo quiere hacer casi todo y algo más. El solo recoge las almendras y, casi a la vez, les quita la cáscara.

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