Bordados en Semana Santa

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Las técnicas que emplean a penas han variado desde hace varios siglos

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Descripción

Los bordados en Semana Santa en Lorca utilizan desde hace varios siglos rellenos de algodón, seda y canutillos de oro y plata sobre terciopelo. Estas son las materias primas que permiten a las bordadoras lorquinas realizar sus bordados. Las técnicas de bordado que emplean desde hace siglos, apenas han variado con el transcurrir del tiempo.  

Algunos están considerados auténticas obras maestras del bordado, como el paño de flores del Paso Blanco. Representa a Jesús orando en el huerto de Getsemaní rodeado con una cenefa de flores. Otra obra maestra es el manto que cubre a la imagen de la Virgen de los Dolores del Paso Azul.

Rellenos de algodón, seda y canutillos de oro y plata sobre terciopelo.

Son las materias primas que permiten a las bordadoras lorquinas realizar sus magníficos bordados.

Los principales talleres están vinculados con las cofradías de Semana Santa. Así que condiciona la decoración que aparece en sus bordados, que es una mezcla de elementos religiosos y profanos. Sus bordados adquieren forma en los estandartes, mantos y túnicas que podrán lucirse en Semana Santa. 

Lentamente, con paciencia laboriosa y mano firme sobre el bastidor, de la aguja y el hilo de seda van surgiendo sobre el terciopelo las orlas decorativas que adornan los mantos. Puntada tras puntada, la habilidad de los dedos de las bordadoras consiguen dar forma a los motivos del diseño. 

La rivalidad entre el Paso Azul y el Paso Blanco es un estímulo para superarse. Y también para encontrar nuevos temas que les permitan lucir sus magníficos bordados en las exposiciones y el desfile.

La pasión de un pueblo por sus dos Vírgenes 

Pero, en Lorca, la Semana Santa es, sobre todo, la pasión de un pueblo por sus dos Vírgenes. Que son a la vez reinas y madres. Cada una es Madre y Reina de la parte del pueblo que la tiene como símbolo sagrado de devoción. En esta ciudad la mayoría de los habitantes se agrupan y reparten en torno a dos colores. El blanco de la Virgen de la Amargura y el azul de la Virgen de los Dolores.

Los bordados no son más que el escaparate donde se refleja el sentir mariano de los lorquinos, que humanizan lo divino a través de una relación de familiaridad con sus vírgenes. Un claro contraste con la sobriedad de otros lugares, donde la pasión por el tambor es el centro en la celebración de la Semana Santa.

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