Educar para consumir y no pensar

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«La instrucción obligatoria ahoga en la mayoría de las personas la voluntad para aprender independientemente». IVAN ILLICH

Una de las características de la actual sociedad de libre mercado, es que no contribuye al desarrollo de la capacidad de pensar en las personas. A lo que sin duda ha contribuido la creciente mecanización y «estupidización» de una gran parte de los procesos industriales que, al convertir el trabajo en algo tedioso y aburrido, suponen un serio peligro de degeneración de nuestro órgano de la inteligencia, de nuestra agudeza para observar o de nuestra destreza y habilidad manual. De modo que en la sociedad actual, a escala cada vez mayor, parece que está en proceso de atrofia la capacidad de observar con atención y pensar.

No cabe duda que el sistema educativo, junto con otros estamentos de la estructura social, desempeñan un papel importante desde la infancia que conforma y modela esta actitud pasiva y conformista en la conducta de las personas. Así se conforma el carácter social, esa parte de la estructura del carácter que es común a la mayoría de los miembros de una sociedad. Y, como dice Erich Fromm en El miedo a la libertad, el carácter, a su vez, determina el pensamiento, la acción y la vida emocional de los individuos.

Si observamos con cierta atención, podemos ver que la característica fundamental del actual sistema educativo es que, a través de la escolarización, enseña ante todo a obedecer las reglas. Se trata de una educación estandarizada y uniformizadora que se apodera sutilmente de la voluntad de los niños y los convierte en autómatas, seres frustrados que producen, consumen y no piensan.

La vida emocional del niño importa poco, ya que el principal objetivo de lo que se considera una «buena educación» es el éxito académico. Esta educación que no permite expresar libremente los pensamientos y sentimientos, conduce a la eliminación de la espontaneidad y a experimentar sentimientos que no son los del niño. La capacidad del niño para percibir o sentir la falta de sinceridad de una persona, acaba perdiéndose al “madurar” y así termina por no discernir entre una persona decente y una ruin. Y lo que la educación no consigue lo logra la presión social a través de la organización y la moral de los adultos. Las emociones espontáneas que son reprimidas, terminan siendo sustituidas por sentimientos baratos e insinceros como los que ofrece el cine y las canciones.

Igual que se reprimen y eliminan las emociones, el pensamiento original1 es desaprobado y reemplazado por pensamientos y deseos ya hechos, impuestos desde afuera. En la familia, las mentiras y falta de sinceridad (intencional o no) de los adultos para con los niños se manifiesta, por ejemplo, en ofrecerles una imagen falsa y tergiversada del mundo. Una imagen plagada de mentiras concretas sobre hechos (con frecuencia personales) que los adultos intentan ocultar a los niños, desaprobando sus preguntas ya sea de un modo hostil o amable.

Con demasiada frecuencia se ignora que el contacto es el primer lenguaje de la vida, o que es en las primeras experiencias donde se formará nuestro núcleo sobre el que construir las percepciones futuras. Se ignora o se olvida que el niño pequeño no razona y que para él todo ocurre en el instante, todo es presente. Quizá el niño esté en parte satisfecho y en otros aspectos no lo esté. Y cuando protesta ¿cómo se reciben sus quejas, con indiferencia, comprensión o enojo? Las respuestas que reciba marcarán las pautas de sus expectativas por la vida. Si se satisfacen sus necesidades en cada momento el niño se abre al mundo y deja que este penetre en lo profundo de su ser. Pero si, por el contrario, el momento se le hace insufrible el niño se cierra y se retira a su mundo interior. Todo va a depender de la capacidad de los padres para atender el desarrollo natural del niño y satisfacer sus necesidades sin imponerle sus conceptos de adultos

La tarea educativa empieza en el hogar, en eso que llaman socialización primaria (formación del carácter). Pero muchos niños sufren abandono emocional y orfandad práctica mientras sus padres se afanan en producir, a veces por necesidad y otras porque buscan el éxito profesional. Las mujeres son alentadas por un movimiento feminista que pretende liberarlas de los inconvenientes de la crianza (y las empuja hacia la servidumbre de la empresa que las exprime), para poder pagar a la guardería la custodia de los hijos que previamente han rechazado. La cada vez más frecuente desestructuración y desintegración de la familia, que ha dejado de ser una comunidad de vida, dificulta el desarrollo integral y armónico del niño. Los primeros años de infancia donde se moldea la personalidad del niño, con sus valores y deberes, son los más importantes para su desarrollo como ser humano. Aquí se sientan las bases del posterior fracaso escolar.

1 Por original no quiero decir que no haya sido pensado antes, sino que se origina en la persona, representa su pensamiento que es resultado de su propia actividad pensante.

Escuela: creación de autómatas vivientes

Con estas primeras experiencias el niño ingresa en la escuela donde la educación obligatoria seguirá poniendo trabas al pensamiento original. La escuela está orientada a dar respuestas no a realizar preguntas, ni a indagar o a explorar que es, justamente, lo que permite al niño pensar por si mismo. La curiosidad natural del niño por conocer el mundo que le rodea, se ve atiborrada por montañas de hechos aislados e inconexos que acaban desalentando el pensamiento original. El aprendizaje en la educación debería ser reflexivo y crítico a la vez, consigo mismo y con lo que se aprende. Educación no equivale a escolarización obligatoria. La educación es o debería ser un proceso que nos permita comprender el mundo y adquirir la confianza necesaria para explorarlo, para afrontar las incertidumbres que dominan la vida y abordar las dificultades sin complejos ni frustraciones que conlleva vivir en sociedad.

Sin embargo, los mecanismos de la escolarización (programas, exámenes, grados, certificados, asistencia obligatoria, control y monopolización del conocimiento) desmotivan e impiden a los alumnos tener una visión global de la sociedad, conocer su estructura y funcionamiento, para poder comprenderla y cambiarla. La educación actual trata al niño como un ser vacío. Con demasiada frecuencia vemos que enseñar no es más que un ejercicio continuado que busca persuadir al alumno hasta que acepte el punto de vista del maestro.

En consecuencia, los alumnos desmotivados se limitan a regurgitar lo que han aprendido de forma que satisfaga al examinador. Pero la motivación del niño para aprender está en lo que descubre en el camino diario que recorre cuando interactúa con su entorno y disfruta al vivir. Su motivación no está en los objetivos curriculares ni en el resultado que estos persiguen en un tiempo determinado. En palabras de Ivan Illich, «la instrucción obligatoria ahoga en la mayoría de las personas la voluntad para aprender independientemente». Así que llegamos a la vida adulta como unos seres extraños e incomprendidos. No debiera resultar tan extraño el alarmante aumento del porcentaje de jóvenes que terminan sus estudios obligatorios siendo analfabetos funcionales.

En suma, la escolarización es una estructura de poder que enseña ante todo a obedecer las reglas a los alumnos y también a los docentes. En lugar de dar la oportunidad de proponer y elegir libremente, impone, y la imposición no desarrolla la capacidad de tomar decisiones, no fomenta el respeto, ni la responsabilidad, sino la obediencia. Y a los que se resisten o rebelan se les margina o se les diagnostica una enfermedad (inventada por la industria farmacéutica) y se les trata con psicofármacos.

 

Jesús Agustín
Jesús Agustín

Es miembro de Vídeos Educa, donde comparte información y experiencias con todas aquellas personas que entienden la educación como una contribución al desarrollo de seres humanos libres. Trata de ayudar a desarrollar la habilidad y creatividad humanas, a conectar con nuestros talentos, aptitudes naturales e inclinaciones personales. Trata de ti (madre y padre, alumno y docente) y de temas que son importantes en nuestra vida, en la de nuestros hijos, amigos y vecinos, compañeros de trabajo y el planeta en el que vivimos.

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