La amistad – 1ª parte

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«La amistad es lo más necesario para la vida» (ARISTÓTELES)

 

Si la música es la más excelsa de las artes porque, como la vida, nace del silencio y es capaz de expresar lo inexpresable, la amistad es el más alto y noble de los afectos porque es capaz de aglutinar las virtudes más excelsas. Quien tiene un amigo tiene el mayor de los tesoros. Y la persona afortunada debe ser cuidadosa. Sobre todo en estos tiempos en los que, como diría Ovidio, el nombre alguna vez venerable de la amistad se corrompe y prostituye como una meretriz. Dicen que la prosperidad hace amistades y cuando la adversidad las pone a prueba resulta que no lo eran. Lo que abunda hoy es la relación de “amistad” por interés, por eso la mudanza suele derrumbarla con facilidad. Así que resulta conveniente reflexionar sobre lo que dijo Plutarco en Cómo sacar provecho de los enemigos:

«Los que quieren salvarse necesitan amigos auténticos o enemigos ardientes. Pues los unos amonestan a los que se equivocan, y los otros, al censurarlos, los alejan del error. Y, puesto que ahora la amistad es de voz débil, cuando habla con franqueza, y su lisonja es locuaz y su amonestación muda, se debe oír la verdad de boca de los enemigos».

El capitalismo ha suprimido todo vínculo comunitario, ha despojado a las personas de cualquier relación directa y profunda con sus semejantes y con su entorno natural, enfrentando a los unos con los otros. El individualismo y las ambiciones personales han debilitado o roto los sentimientos antes intensos de comunidad. En esta sociedad egoísta, agitada y decadente, la codicia y la ambición que entraña el modo de tener excluye a los otros, sometiendo a personas y cosas al poder de otro. La vida humana ha sido cosificada y subordinada a la dinámica del mercado donde todo es susceptible de ser vendido y comprado.

La experiencia social que nos ofrece el alienado mundo de la tecnología es huir; una mayoría de la población busca sumergirse en una lamentable vida privada virtual, ajena a la comunicación directa. Las redes sociales expresan la frustración, el miedo y la depresión, la rabia y el resentimiento, la evasión y la falsa conciencia. En todo ello reside la incapacidad para el ejercicio de una verdadera amistad, en un mundo que, paradójicamente, está muy necesitado de ella.

« ...nada encontraré comparable a un amigo »

Pero no siempre ha sido así. Antes del capitalismo, la verdadera amistad en la vida cotidiana era un vínculo primordial de la relación humana. Hace más de 2.400 años, el historiador griego Demófilo decía que «la amistad es el puerto de la vida». Siglos más tarde, el poeta latino Horacio, hombre honesto y modelo de las virtudes clásicas, escribió: «mientras la razón no me abandone, nada encontraré comparable a un amigo». Miguel de Cervantes decía con razón que «las amistades que son ciertas nadie las puede turbar». En el siglo XVI, el ensayista y moralista francés Montaigne le daba un valor tan elevado que llegó a afirmar que la amistad es «el último extremo de la perfección en las relaciones que ligan a los humanos».

He dejado para el final de esta brevísima mención de algunos de los personajes de la historia en diferentes épocas y sociedades, que alabaron con respeto la amistad, a Marco Tulio Cicerón: aquel romano virtuoso y excelente orador que, en su tratado Sobre la amistad, nos dice que «en la verdadera amistad nada es fingido, nada simulado, antes bien todo lo que hay en ella es sincero y libre».

Gracias por tu amistad

Y con esa sinceridad y libertad que requiere la amistad, quiero dar las gracias a Paco Torrano (el amigo verdadero que nos dejó) y a los escasos pero auténticos amigos que aún estáis vivos, por haber compartido conmigo vuestro tiempo, que es vida. Gracias por hacerme saber que estáis ahí. La amistad es sin duda un privilegio de hombres buenos.

«¿No quieres llevar vestido alguno delante de tu amigo? ¿Debe ser un honor para tu amigo el que te ofrezcas a él tal como eres? (…) En el adivinar y en el permanecer callado debe ser maestro el amigo (…) ¿Eres tú aire puro, y soledad, y pan, y medicina para tu amigo? Más de uno no puede librarse a sí mismo de sus propias cadenas y es, sin embargo, un redentor para el amigo. »

F. NIETZSCHE, Del amigo, en Así habló Zaratustra

«Un hombre es un hombre», solía decir Paco. «Y un vicio es un vicio», respondía yo (señalando el cigarro que se estaba fumando), que genera dependencia y, por tanto, servidumbre, merma de libertad, peor aún al ser autoimpuesta. No recuerdo quien dijo que la libertad que reside en nuestro interior no puede ser arrebatada por ningún tirano, que al ser humano le es consustancial la libertad. No le faltaba razón. Esa libertad interior es la primera y sus peores enemigos no son los exteriores, sino los que llevamos dentro. La soga más resistente y difícil de quebrantar es la que nosotros mismos nos ponemos al cuello. La dependencia de cosas (móvil, redes sociales, etc.) y también de personas, a las que tan dados somos, limita nuestra libertad y nos impide gozarla. Si seguimos la ruta que nos convierte en víctimas de nuestras propias debilidades, nos descaminaremos.

Paco fue un gran conversador, proclive al derroche argumental. Preocupado por la educación, era un hombre de mente abierta a diversos tipos de conocimiento. Justo lo contrario del estrecho, miope y empobrecedor camino de la especialización del conocimiento que ha ocurrido durante el siglo XX. Producidos en serie por el sistema educativo para desgracia de la sociedad, cada vez es mayor la pléyade de especialistas que conocen mucho de muy poco. Son gente que sólo se preocupa de su propia y limitada especialidad ignorando el resto. Una de sus desastrosas consecuencias, es la dependencia cada vez mayor que la sociedad tiene de los especialistas. Limitado y desalentador destino el de esta sociedad que nos ha tocado vivir que forma a sus ciudadanos-consumidores, para ver el mundo a través del pequeño agujero de su especialidad. Pero este conocimiento fragmentado impide conocer la complejidad del mundo en el que vivimos y situar los problemas en su contexto. Una forma de mantener dividida y atomizada a la sociedad para dominarla mejor. Así que no es casual la ausencia de un pensamiento crítico en las personas formadas en el sistema educativo.

Otra de las preocupaciones compartidas con Paco (incluso le propuse escribir un libro juntos) era la creciente y desmesurada uniformización de la sociedad. Una de sus consecuencias es que buena parte de sus miembros carecen de pensamientos propios, es decir, que no tienen nada original que expresar. Ya sea por incapacidad, por escasez, por inflación o por no gastar, las ideas propias parecen sufrir destierro. Ante la dificultad de describir y dar razones que ayuden a comprender mejor el mundo, el consumidor opina. Claro que al opinar y no ofrecer razones, no cae en la cuenta de que nunca podrá tener razón. Sin razones que la apoyen la opinión carece de valor. Pero esto poco le importa a este tipo de ser humano dominante, siempre decidido a disparar sus opiniones contra todo lo que se ponga por delante, juzgando y sentenciando con rapidez, sin información ni conocimiento y sin comprender aquello o aquellos a quienes juzga. Las redes sociales son un masivo ejemplo, aunque no el único, de la degeneración del llamado homo sapiens en este “homo opinionsis”.

En fin,… que entre la maraña de simplezas opinables hay tonterías que gustan mucho, y que distraen del desconsuelo que produce una vida vacía, inmersa en la compra compulsiva y en la tecnología virtual. No le falta razón al escritor francés Anatole France al decir que el tonto es más funesto que el malvado, porque el malvado descansa algunas veces, pero el tonto jamás. Claro que también hay quien piensa que la tontería es infinitamente más interesante que la inteligencia, ya que esta tiene límites y la tontería no. Paco, con su sordera, siempre tenía la posibilidad de quitarse el audífono para no oír las tonterías que decían a su alrededor.

Amor y amistad

Un día un joven adolescente le preguntó a su abuelo sobre el amor y la amistad. Esta es la respuesta que le dio aquel hombre a su amado nieto:

«Yo creo que la amistad –que es una forma de amar– es el más perfecto de los sentimientos del ser humano. Es, seguramente, el más libre y también el más profundo. Aunque te advierto que no son muchos los que piensan así. Mientras que la familia nos viene impuesta los amigos podemos elegirlos.

Así que, en cuestiones de amistad pienso como un tuareg: no hay nada mejor en el mundo que tejer la tela de la amistad. Este es un sentimiento que enamora más que el amor. Porque… ¿qué es el amor sin la amistad? Un sentimiento incompleto que el tiempo debilita hasta hacerlo desaparecer. El amor romántico es hermoso, maravilloso, sublime, pero también es como un relámpago seguido de un trueno,… y al día siguiente luce el sol.

La amistad tarda más que el amor en hacerse y más aún en deshacerse. El tiempo que debilita el amor romántico, fortalece la amistad. Quizá por eso, los turcos suelen decir que el amigo muere, la amistad no.

El amor siempre busca ser correspondido con amor, mientras que la amistad rebosa generosidad, comparte y reparte en una auténtica fraternidad, procurando siempre acompañar al amigo, haciéndole sentir nuestra disponibilidad con total y absoluta lealtad. Como dice un proverbio español: la amistad hará por ti aquello que no hará la sangre.

Pero, igual que ocurre con el amor romántico, tampoco en la amistad hay garantías. Sin embargo, en ella no son imprescindibles: las entregas de la amistad son siempre a fondo perdido, como todo acto que emana de la generosidad. Quizá por ello los desengaños amistosos provoquen un dolor más profundo y duradero que los amorosos. No es casual que a un dolor fuerte y pasajero se le llame dolor de viudo».

Amigos, lo que se dice buenos amigos, se encuentran pocos. Aunque, la verdad, no sé muy bien cual es la razón. Así que, cuando encuentres la amistad, cuídala como lo que es: un bien muy valioso y escaso. Junto a la comprensión y el afecto, el respeto es el mejor medio para conservar los amigos. Pero como otras muchas cosas de la vida, la amistad huye de la quietud, no puede estar ociosa, necesita agitarse o deja de existir, continúa creciendo o disminuye hasta desaparecer. Con la amistad ocurre lo mismo que con las plantas de un jardín: si no las cuidas amorosamente empiezan a marchitarse, se ponen mustias y al final terminan muriendo».

Aquí acaba esta reflexión que un entrañable abuelo compartió un día con su nieto. Se comprende mejor que tan sabias palabras hicieran nido en el pecho del nieto, que creció considerando la amistad como el más alto y noble de los afectos.

«La mayor dulzura de la amistad es...»

Una vez leí que la amistad noble es una obra maestra a dúo. Es como la música: dos cuerdas del mismo tono vibran a la vez aunque sólo se pulse una. Paco Torrano, como sabíamos quienes lo conocimos, poseía también un don maravilloso: hacer reír. Y como decía Víctor Hugo, hacer reír es hacer olvidar. En este mundo canalla, poblado de injusticia, desigualdad, amarguras, pobreza, aflicción y desesperanza, es un bienhechor el ser humano que, por un instante, puede distribuir el olvido. Gracias Paco, donde quiera que estés. Gracias por las innumerables veces que me hiciste reír. Gracias por tu generosidad y comprensión, por compartir tu tiempo y enriquecer mi vida, por estar ahí y por las veces que me mostraste tu disposición. Supongo que por eso y por otras razones noto tu ausencia cada día, añoro incluso nuestras controversias, mucho más de lo que podía imaginar.

La incomprensión esteriliza la amistad. Bien lo sabía Cicerón, que ha cantado como pocos en la historia a la amistad y a la comprensión. Por eso emplearé otra vez sus sabias palabras en este artículo, cuya primera parte estoy a punto de finalizar: «La mayor dulzura de la amistad es el lograr que, al mirar al futuro, brille en nosotros una esperanza favorable y el no tolerar que el espíritu del hombre se desaliente y decaiga».

Paco fue un ejemplo vivo de quien no cedió al desaliento; su ánimo no decayó ante la adversidad de una enfermedad de niño (la polio), cuyas huellas siguieron visibles en su cuerpo hasta el instante de su muerte. A pesar de su cojera fue capaz de montar en bicicleta y practicar espeleología. También durante sus últimos años de vida, cuando perdió la empresa a la que había dedicado muchos años, supo encajar la adversidad. Y yo quiero reconocer ese coraje y compartir esa mirada al futuro, para que la esperanza siga brillando en el corazón y nuestro espíritu no se desaliente.

Quisiera aprovechar este recuerdo del amigo que nos dejó para compartir el fuego de la amistad. Una idea que podría resumirse en esta frase del filósofo y político inglés Francis Bacon: «Viejo vino para beber, vieja madera para arder, viejos amigos en quien confiar y viejos autores para leer».

Que la amistad (animal de compañía, no de rebaño) no se vea turbada ni se rompa por discrepancias políticas, que suelen ser pasajeras. Mi deseo, para este día y para los venideros, es que no nos falte nunca la llama de la verdadera amistad , esa que busca la virtud por honesta, el respeto como conservante y el diálogo como deleite. Que no nos falte nunca el amigo verdadero, ese que viene a compartir nuestra felicidad cuando se le ruega y acude en nuestra desgracia sin ser llamado.

Jesús Agustín
Jesús Agustín

Es miembro de Vídeos Educa, donde comparte información y experiencias con todas aquellas personas que entienden la educación como una contribución al desarrollo de seres humanos libres. Trata de ayudar a desarrollar la habilidad y creatividad humanas, a conectar con nuestros talentos, aptitudes naturales e inclinaciones personales. Trata de ti (madre y padre, alumno y docente) y de temas que son importantes en nuestra vida, en la de nuestros hijos, amigos y vecinos, compañeros de trabajo y el planeta en el que vivimos.

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