Bebo la noche que habito
Tú lector, palpitas de vida y de orgullo y de amor como yo, para ti, pues, estos cantos. WALT WHITMAN
Un temblor, una lágrima solitaria
mira y olvida lo que fui, lo que soy.
Aquí estoy galopando un alarido
con la luna en la boca
que cruza despacio, despacio.
¿Quién soy entre tanto olvido?
Piedad o vómito o estatua fugitiva
o un simple estallido de rebeldía.
Diseminado en hilos de aire
voy lamiendo órbitas de estrellas
con las voces de la noche
dormidas en la memoria.
En íntima soledad danza en mi
el furor sereno del cielo abierto
danza el mar como un pañuelo
danza la ternura con el aullido de la virtud
todos danzan y callan las heridas con su risa
hasta que vuelve un trozo de dolor
entonces con voluntad inútil
todos gimen al pasar la brisa.
Soy trágico sobre unos pies intrusos
las manos quietas, sin palabras
sin ecos, sin esperanza.
Oigo ladrar desvelos a las piedras
gritar delicias a la tristeza alada
llorar desgarradoramente a un verso
que quiere coser rotos del alma.
Aprendiz de amor, lleno de signos
cruzo la noche, asciendo el silencio
ando entre sortilegios de niebla en niebla
con el corazón pesado. Aquí empieza
la caída en el abismo de lo invisible.
Es febrero y no hay invierno
duerme en la playa, casi huido
como si muriera por un rato.
Crece el cielo haciendo señas
sobre mi carne descorazonada
de angustia y ansia infinita.
Lo que haya de ser
aquí lo espero
cultivando horas, penas
llantos diminutos
y sonrisas pequeñas.
Ausente sacudo la nada
el aire danza conmigo
con los ojos al suelo
con las olas al viento
y con su asombro de espuma
vuela desnudo hacia el mar.
Aquí sigo con el silencio de pie
lleno de dolor frío, de tierra y llanto
velando sombras inmarcesibles
en el extremo del mes que agoniza.
Busco el brillo de la madrugada
con la mirada en cruz alzada de misterio.
Siglos de gemidos se balancean en mi lengua
y como meteoros resuenan en el cielo
que humaniza cada hueso
cada sombra, cada recuerdo.
Bebo la noche que habito
en mi propia tempestad
está tan viva que moriría
por un beso en soledad.
Ahora corazón nos vamos a otra parte
con la derrota, con las sombras
con los rotos del alma.
Así son las cosas o no son.
Trágica, desmesurada
es la elocuencia de las estrellas
su idioma oscuro y claro
arrastra el sacrificio y alumbra ruinas
como los versos hijos de la fatalidad.
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