¿Soy boca para tus oídos?
¿Soy boca para tus oídos?
¿Necesitas oír con los ojos?
Huyen las palabras, se van
su ausencia es lo que no será<br
A Diego Gómez
Así como las aguas entran en el gran río de la vida, así entró Diego en la casa de la poesía. Este hombre que viste
Bebo la noche que habito
¿Quién soy entre tanto olvido?
Piedad o vómito o estatua fugitiva
o un simple estallido de rebeldía.
Cuando mueren las horas
Con temblores de otoño
quiero quemar esta tristeza
ese tiempo gastado que
se escapa con sus ansias
entre las olas de la noche.
De mar a mar derramada
Todos sentimos un instante la tristeza
es un instante de soledad herida
de frío, de hielo seco, sediento
de espinas que flagelan
Desatino
Cantor de coplas altas
nacidas para no callarse
brindas tu mano caliente
eliges vivir sin temblar
sin más razones sin más
El recuerdo es un epitafio
Quiero emanciparme
de los olvidos que regresan
de la memoria franca
del corazón que quema
de las manos sufridas…
Infancia de ceniza – Infancia herida
Vendedores de infancia feliz
de inocencia y de nostalgias
trampantojos de la niñez
tantean huellas lejanas
gotean añagazas perfumadas
ignoran
La forma íntima del tiempo
¿Quién soy? ¿Quién he sido?
Cada paso que doy deja su huella
borra o esconde la muda del tiempo
en las hendidas cañadas
en los
La hora del silencio
¿A quién le importa
si me hundo o me elevo?
Aquí estoy desangrando la noche
Lutos de muerte y trompetas de vida
Todo se oscurece
todo se ensombrece
tristemente y se amontona.
Se extinguen las lumbres
se angostan las mieses
la belleza
Muertes sin destino
Allí donde se adensa el dolor
y la muerte no finge, donde
el peso de la verdad desnuda
recorre de rabia en
Piedra a piedra, sombra a sombra
Sobre estas ruinas sombrías
pavimentadas de recuerdos
con lluvia o viento o sol
yacen y pasan los siglos
Que la noche devuelva tu ternura
Que la noche devuelva tu ternura
que del recuerdo se haga tu cuerpo
que regresen tus ojos que tanto amor han dado
Sombras del olvido
Con pasos tibios
busco las pistas perdidas
excavo hondo en la memoria
con otras manos, con otras uñas
con otros ojos
Un cielo de azucenas rojas
Elegías a la memoria de Agustín M. Abellán
I. Luz de agonía y muerte
II. Exilio de ausencia
III. La tierra alumbró
Una mujer y un hombre
Un hombre y una mujer
en el deseo desnudo
de su profundo ser animal
ocupan su lugar de lujuria en la noche<br
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