Agua y bosque

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En esta época de sobrecarga mediática y amnesia instantánea, su influencia al compartir este contenido es mucho más poderosa que cualquier campaña

A menudo la relación que las personas mantenemos con los bosques es la de que “no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos”. Vivimos una paradoja: Dependemos de la naturaleza y la estamos destruyendo.

Machadâo, un chamán de la tribu de los Yanomami en la Amazonia, expresa con claridad y sencillez la situación del bosque donde vive:

«Nosotros conocemos el bosque; el bosque nos conoce. Nos respetamos mutuamente. Los blancos no. Los”garimpeiros” han contaminado los cursos de agua, los “madereiros” continúan abatiendo los árboles, los “fazendeiros” queman hectáreas de bosque para ampliar los pastos destinados a sus manadas, las industrias mineras anhelan nuestro subsuelo. Nosotros queremos solamente que nos dejen en paz».

(Vídeo documental Yanomami: Los hombres del bosque)

Al analizar algunos de los valores que imperan en nuestra sociedad nos enfrentamos a una  lamentable paradoja: Consideramos que los Yanomami –que respetan el bosque tropical amazónico– son una tribu “salvaje” y llamamos «progreso» a la destrucción de los bosques de la Amazonia. Destrucción que vienen realizando los que supuestamente son considerados como “civilizados”: ‘madereiros’, ‘facendeiros’, ‘garimpeiros’ de las industrias extractivas y las multinacionales agrícolas. Se utiliza la quimera del «progreso» para justificar estos atropellos y destrucciones, pero que son realmente actuaciones vandálicas del poder político y económico.

En nombre del progreso de la humanidad y de la civilización, una minoría «progresa» obteniendo su riqueza a costa de destruir los ecosistemas y de la pobreza de una mayoría. ☛

En realidad ésta es una historia de poder y avaricia de unos pocos. Pero también de miedo, pasividad e indiferencia de muchos. Una historia en la que nos mienten, falsean, fragmentan y enmascaran la realidad del cambio climático en el currículo educativo y en los libros de texto oficiales, en los medios de comunicación, en los discursos florales de políticos y gobiernos. Lo que pretenden es que nos resignemos a vivir una vida que no es la nuestra, como si fuera la única posible. Pero la historia tiene otra trama, otros protagonistas y otros escenarios cuyas claves se intenta explicar también en los artículos: Agua y energía, Ciclo de agua y vidaSequía y cambio climático

Desde niños, los seres humanos tenemos la capacidad de ver la belleza y la magia de los bosques. Si abrimos los ojos podremos ver lo extraordinario que es el mundo natural. Podemos ver los frágiles hilos que nos conectan con los otros seres vivos y entender que el futuro de los bosques está en nuestras manos.

«Somos la primera generación en tener una imagen clara del valor de la naturaleza y nuestro impacto sobre ella. Podríamos ser la última que pueda tomar medidas para revertir esta tendencia.»

Informe Planeta Vivo 2018

A menudo la relación que las personas mantenemos con los bosques es la de que “no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos”. Pero si las personas empezamos a darnos cuenta de lo que la naturaleza hace por los seres humanos, quizá estaremos más dispuestos a cuidarla, a respetarla y a devolverle los servicios que nos presta. De esos servicios trata este artículo.

Lo malo es que la realidad también nos enseña que hay gente que puede conocer el valor de algo y, aún así, destruirlo. ¿Por qué? ¿Avaricia, poder, inconsciencia,…?

Vivimos una paradoja: Dependemos de la naturaleza y la estamos destruyendo. Una destrucción que nos conviene impedir, antes de que sea demasiado tarde. Para adoptar una actitud activa que impida conscientemente esta destrucción, podemos empezar por hacernos estas preguntas:

    ¿Qué bienes y servicios nos presta la naturaleza? ¿Qué pasará si deja de prestarnos sus servicios?

Hasta ahora parece que no somos conscientes, ya que seguimos destruyendo los bosques y el calentamiento global sigue aumentando. Sin embargo, al buscar la respuesta a esas preguntas quizá comprendamos que los bosques y las selvas son esenciales para la vida en el planeta. Entonces es posible que nuestra actitud cambie, que asumamos nuestra responsabilidad y empecemos a corregir el daño que estamos haciendo. Y ese cambio tiene que empezar hoy, porque la crisis climática indica que vivimos una situación de emergencia ambiental y social. Se lo debemos a nuestros hijos y nietos. ¿O somos tan hipócritas y egoístas que tampoco nos importa su futuro?

“Decís que amáis a vuestros hijos sobre todas las cosas y sin embargo les robáis su futuro delante de sus propios ojos”.

Son las crudas palabras de Greta Thunberg de 15 años, que inició la huelga mundial de jóvenes estudiantes contra el cambio climático. Su breve y contundente discurso está en el vídeo que hay al final de este artículo.

Los hay que tienen las neuronas chamuscadas o los que simplemente se quejan y culpan a otros. También los hay que asumen su responsabilidad e intentan adoptar un compromiso activo para preservar los bosques y luchar contra el cambio climático. Si te incluyes en este segundo grupo sigue leyendo y ayuda a completarlo con tu aportación que puedes compartir en los comentarios.

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2. Bosques y cambio climático

Los #Bosques son fuente de alimento, medicinas y combustible para mas de 1000 millones de personas. Su destrucción aumenta la pobreza, produce CO2 y agrava el calentamiento global del planeta ¿Quién se está beneficiando? ☛

Los animales y las plantas del planeta tenemos algo en común: Nuestras vidas se guían por los ritmos del día y de la noche. Las plantas convierten la luz del sol en vida mediante la fotosíntesis. Crecen, hoja a hoja y rama a rama, creando bosques. La luz del sol es la energía que da la vida al planeta Tierra.

Foto Canva

En nuestro planeta los ecosistemas terrestres y marinos, la tierra y el paisaje, todo está conectado a través del agua, el aire y la luz. El agua fluye y cambia de lugar continuamente entre el suelo, las plantas y la atmósfera. Los ciclos del agua y del carbono guardan una íntima relación.

El carbono es el elemento básico de la vida. Circula por la atmósfera, los océanos y la tierra formando un ciclo natural comparable al ciclo del agua. Una de las funciones del ciclo del carbono es controlar el dióxido de carbono (CO2) atmosférico, que tiene una gran influencia en la cantidad de calor solar retenido por la Tierra. Pero, durante los últimos dos siglos, los seres humanos hemos emitido enormes cantidades de carbono a la atmósfera mediante la deforestación y el uso de los combustibles fósiles. Estas acciones han ido modificando los ritmos naturales que se habían mantenido durante miles de años, alterando el equilibrio energético del sistema climático de la Tierra.

    2.1 El bosque absorbe CO2

A través de sus hojas las plantas verdes –mediante la fotosíntesis– utilizan la energía de luz del sol para fabricar los nutrientes que necesitan. Si miramos más de cerca una hoja, vemos unos pequeños orificios llamados estomas por los que entra el dióxido de carbono. Una vez en el interior de la hoja, el dióxido de carbono se mezcla con el agua y por medio de la fotosíntesis se produce oxígeno y azúcares. Los azúcares se mezclan con el agua proporcionándole al árbol los nutrientes que necesita.

De esta forma los bosques absorben CO2 y almacenan enormes cantidades de carbono capturadas por las plantas. Se calcula que un bosque en crecimiento puede “capturar” hasta cinco millones de toneladas  de carbono por hectárea al año y contribuye a impedir un exceso de CO2 en la atmósfera del planeta.

Además de los árboles, el conjunto de la biomasa forestal actúa como un depósito de carbono. Como ocurre, por ejemplo, con la materia orgánica del suelo del bosque.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), los bosques del planeta y sus suelos almacenan más de un billón de toneladas de carbono. 

Así, a lo largo del tiempo los bosques maduros se han convertido en inmensos depósitos de carbono. Pero cuando se talan los árboles de un bosque el carbono regresa a la atmósfera y contribuye a que aumente el efecto invernadero o calentamiento global del planeta.

    2.2 Usar los bosques para combatir el cambio climático

Sin embargo, una correcta y sostenible gestión de los bosques puede ayudar a combatir el cambio climático:

  • Mediante la repoblación forestal, plantando nuevos árboles.
  • Mediante la reforestación, volviendo a plantar árboles en las zonas deforestadas.
  • Repoblando de árboles tierras áridas y semiáridas. Mejoran la capacidad de almacenamiento de agua en el suelo y recargan los acuíferos. También reducen la evaporación de los suelos, reducen la erosión y le añaden nutrientes con la hojarasca y materia orgánica.
  • Evitando la tala de los bosques.
  • Garantizando los derechos de tenencia de la tierra de los pueblos indígenas, de los agricultores, mujeres y jóvenes del mundo rural.

En las zonas tropicales la vegetación crece con rapidez y absorbe carbono de la atmósfera con celeridad. Plantar árboles puede eliminar grandes cantidades de carbono atmosférico en poco tiempo. 

Los árboles y los espacios verdes de las zonas urbanas eliminan la contaminación, brindan sombra y proporcionan numerosos beneficios para la salud. 

Los #Bosques están contribuyendo a impedir el calentamiento global del planeta y el #CambioClimatico ya que retienen dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero ☛

3. Agua y biodiversidad

El #CambioClimatico está afectando tanto al agua como a la biodiversidad ☛

La biodiversidad es la variedad de la vida en el planeta. La concentración más alta de biodiversidad se encuentra en los bosques tropicales. Aunque sólo ocupan el 7% de la superficie terrestre, los bosques tropicales albergan más del 50 % de todas las especies de la Tierra. En unas pocas hectáreas de bosque primario de la Amazonia hay más especies de árboles e insectos que en toda Europa. 

La biodiversidad terrestre mantiene la biodiversidad acuática. La extinción de una especie no sólo significa la pérdida de esa especie. También supone una amenaza para otras especies. La extinción de una planta supone la desaparición de entre veinte y cuarenta especies de insectos y de otros animales que dependen de ella.

Como indica el informe Planeta Vivo 2018, los principales motores de la disminución de la biodiversidad siguen siendo la sobreexplotación de especies, la agricultura industrializada y la degradación del suelo que incluye la pérdida de bosques.

    3.1 Agua y diversidad de paisajes

Los paisajes de la tierra son diferentes y esta diferencia depende normalmente de la disponibilidad total de agua y su distribución temporal. El destino del agua de lluvia cuando llega al suelo depende de donde cae. Las diferencias entre un desierto y un bosque son evidentes debido al diferente volumen de agua que reciben.

El agua y la biodiversidad están profundamente relacionadas. El agua influye y modela la biodiversidad, y la biodiversidad modela e influye en el agua. La sostenibilidad de los ecosistemas requiere la conservación conjunta del agua y la biodiversidad.

La biodiversidad desempeña un papel muy importante para el mantenimiento de la pureza de las aguas de los ecosistemas acuáticos utilizados por el ser humano y por otros seres vivos.

Las sustancias más complejas de los restos orgánicos son descompuestas por las bacterias y los hongos en otras más sencillas que, a su vez, son utilizados por otros organismos. Los protozoos y los invertebrados se alimentan de bacterias y hongos, controlando sus poblaciones. Los insectos descomponen otros organismos. La interacción de todos estos organismos en el ecosistema garantiza que no se produzca la sobrepoblación de una especie. En ausencia de protozoos la población bacteriana puede dispararse.

Los procesos que conservan la pureza del agua también conservan la biodiversidad. Del mismo modo la destrucción y degradación de la biodiversidad, siempre va acompañada de una destrucción y agotamiento de los recursos hídricos. Un mundo pobre en biodiversidad es también un mundo pobre en agua.

El uso que hacemos del agua influye y modela el paisaje.

    3.2 ¿Qué valor económico tienen los servicios que nos presta la naturaleza?

Estos servicios han sido estimados en un valor cercano a los 125 billones de dólares USA al año. Pero, tratar a los servicios de la naturaleza como mercancías ficticias, ¿beneficia realmente a la sociedad o favorece a intereses privados? 

«Poner precio a la biodiversidad y valorar (con métrica económica) únicamente aquellos procesos de la misma que nos proporcionan beneficios, no garantiza la protección y conservación de la biodiversidad “per se” ni a largo ni a corto plazo. De hecho, muchos de estos instrumentos de valoración, son un típico ejemplo más de “pan para hoy y hambre para mañana”, pues no solucionarán las desigualdades sociales ni los modelos de sobreconsumo imperantes, verdadero motor de la sobreexplotación de la naturaleza

Valoración económica de la biodiversidad, oportunidades y riesgos  

Podemos ver el frágil hilo que nos conecta con todos los seres vivos –animales y plantas– o cerrar los ojos. También podemos entender que el futuro de buena parte de la vida en la naturaleza y su equilibrio está en nuestras manos. Podemos elegir entre preservarla y compartir su maravilloso esplendor o seguir destruyendo la biodiversidad de este planeta.  

Situado en Burkina Faso, país ubicado en el corazón de África Occidental, el vídeo muestra el difícil equilibrio entre las exigencias de las comunidades del Sahel y sus delicados bosques. Acceder al vídeo.

Fotos: Marco Bello

4. El bosque fabrica lluvia

El agua no se considera una “producción” de los bosques. Sin embargo, el servicio más importante de los ecosistemas forestales es la producción de agua, no de madera. Por esta razón cada día se va prestando más importancia a la relación entre bosque y agua.

El ciclo hidrológico comprende los procesos ecológicos que se desarrollan desde el momento en que una gota de agua se incorpora al ecosistema forestal a través de la lluvia, del rocío o incluso de la nieve.

Una parte del agua caída regresa a la atmósfera sin haber tocado el suelo.

Otra parte fluye por las ramas y troncos de los árboles hasta llegar al suelo que absorbe el agua como una esponja. Un suelo forestal con buena cobertura de materia orgánica y una capa de humus mullido y poco denso favorece la infiltración. El suelo de un bosque bien conservado absorbe 10 veces más agua que el de las zonas deforestadas.

La compactación del suelo por el ganado o por la actividad humana aumenta la escorrentía y reduce la infiltración de agua.

Cuando la cantidad de lluvia caída es mayor que la capacidad del suelo para retenerla, el agua se infiltra en el subsuelo por la fuerza de la gravedad y recarga los acuíferos. Esto hace que se recuperen las fuentes.

Otra parte del agua que no puede ser absorbida por el suelo, fluye fuera del bosque formando en sus laderas arroyos o torrentes que alimentan a los ríos.

Los #Bosques mantienen en buen estado los ecosistemas acuáticos, filtran y depuran el agua y nos proporcionan un suministro fiable de agua dulce potable ☛

    El bosque requiere agua para su supervivencia

Cuando existe un suelo bien constituido, como el de las selvas ecuatoriales, gran parte del agua de lluvia es acumulada en el suelo y es usada por las plantas. En la regulación del flujo de agua la vegetación tiene un papel muy importante. El agua es utilizada por las plantas como vehículo de transporte para llevar las sustancias nutritivas desde las raíces a las hojas. Sin agua no hay transporte de nutrientes.

Un árbol puede llegar a tener 216.000 litros de agua. El 99% del agua que capta un árbol se evapora y vuelve a la atmósfera. La transpiración es el motor que hace funcionar los árboles. Sin agua el motor no funciona aunque exista la luz necesaria para realizar la fotosíntesis.

En los ecosistemas donde el agua es abundante, el suelo profundo y la temperatura adecuada, los árboles pueden crecer en altura o en porte. Las selvas ecuatoriales son el mejor ejemplo.

5. Los bosques y su influencia en el clima

Las relaciones entre precipitación y temperatura media dan lugar a los grandes tipos de clima en la Tierra. El clima, a su vez, influye de forma esencial en los tipos de vegetación y en el caudal de agua de los ríos. El agua es el elemento clave y la responsable, junto a la temperatura, de los diversos tipos de paisaje y ecosistemas acuáticos.

Los bosques influyen en el clima del planeta y garantizan un cierto equilibrio térmico durante las estaciones. En la estación cálida los árboles absorben calor y provocan un enfriamiento. Mientras que durante la estación fría desvían el viento y hacen que aumente la temperatura.

    5.1 La importancia de la evapotranspiración

A través de la evapotranspiración los bosques devuelven a la atmósfera entre el 50 y el 75% de la lluvia que reciben. Funcionan como máquinas térmicas reguladoras de la atmósfera y de las corrientes oceánicas que controlan el clima.

Las masas de aire caliente se elevan sobre la floresta amazónica transformándose en corrientes de aire que cruzan el Pacífico. Al bombear cantidades enormes de vapor de agua a la atmósfera, las selvas lluviosas son cruciales para el sistema de transporte de energía que regula el clima. El transporte de la humedad atmosférica de la cuenca amazónica tiene una importancia considerable para el clima, pues implica la transferencia de energía del Sol.

Sin unas selvas lluviosas intactas la cantidad de energía solar transferida a las latitudes más altas se reduciría a una quinta parte o más. Esto podría provocar importantes cambios en el clima del norte de Europa.

    5.2 La Amazonía sobrevive gracias a su régimen de autoabastecimiento hídrico.

La selva amazónica recicla la lluvia y crea sus propias precipitaciones a través de la evapotranspiración. En la selva lluviosa de la Amazonía central la transpiración representa el 60% de la humedad atmosférica y la evaporación el 40% restante. La selva lluviosa no genera sólo lluvias para sí misma, sino que también crea las precipitaciones del sudeste de Brasil y Argentina. El 70% de las lluvias de Sao Paulo y el 50% de las del sudeste de Brasil y Argentina se originan en la Amazonía.

La deforestación creciente de la Amazonía para cultivar y exportar soja para piensos y biocarburantes está haciendo disminuir las lluvias. Si la deforestación pasa de un punto crítico, no habrá suficientes precipitaciones para suministrar agua a la selva ni a otras regiones.

    5.3 El bosque y la formación de nubes

Las selvas lluviosas contribuyen también a la formación de nubes mediante mecanismos insólitos. La bromelia es una especie de piña aérea, un epifito que vive en las ramas de los árboles de las selvas lluviosas de América Central y del Sur. La bromelia obtiene humedad y nutrientes de la lluvia, recogiendo agua en receptáculos con forma de copa en la base de la planta, donde se forman diminutos estanques habitados por una compleja comunidad ecológica. Algunas de las especies presentes son algas, que utilizan la fotosíntesis para producir alimentos para toda la comunidad. Este proceso desprende sulfuro de dimetilo (DMS), que por oxidación se transforma en aerosoles de azufre, que actúan como núcleos de condensación favoreciendo la formación de nubes.

Las bromelias no son el único semillero de nubes de la selva pues también lo son los árboles. Estos en vez de DMS producen compuestos orgánicos complejos denominados turpenos e isoprenos que el oxígeno descompone en núcleos de condensación de nubes.

Los núcleos de condensación de nubes actúan como foco para que el vapor de agua se condense en forma de gotitas. Son un elemento necesario para la formación de las nubes, que no se desarrollan en su ausencia. Los bosques no solo bombean vapor a la atmósfera, sino que producen también núcleos de condensación en los que se condensan las gotitas formadas a partir del vapor de agua originando las nubes de lluvia.

Yanomami: Los hombres del bosque

Habitantes de la Amazonia desde hace milenios, amenazados por los grandes intereses de las industrias extractivas, de los ganaderos y de las multinacionales agrícolas. Ellos sólo quieren que los dejen en paz. Acceder al vídeo.

Fotos: Alessandro Rocca

6. Los bosques y el viento

Una franja de bosque de un kilómetro hace desaparecer el viento. El bosque lo engulle, absorbe toda su fuerza, incluso la de los vendavales. El viento únicamente continúa teniendo efecto en las copas de los árboles. El bosque obliga a un 60% del viento a ascender y provoca una alta presión en el lado de barlovento. Por este lado desciende la evaporación y aumenta la cantidad de lluvia captada. Pero para que sea efectivo frente al viento, la franja de bosque debe tener una anchura igual a cinco veces la altura de los árboles.

El viento transporta polvo y humedad.  El polvo desaparece en el bosque que también reduce la humedad del viento. ¿Qué es lo que hace el bosque?

Las partículas de polvo inorgánicas transportadas por el viento son absorbidas hasta en sus tres cuartas partes por los 100 primeros metros de bosque. Esto puede representar toneladas de partículas. A cambio el viento recoge y transporta partículas orgánicas liberadas por el bosque (polen, bacterias, gotitas de aceite). Estas partículas son núcleos de precipitación (donde se condensan las gotas de lluvia) mucho más efectivos que las partículas inorgánicas. Así, el bosque se convierte en uno de los factores más importantes de precipitación atmosférica.

Unas precipitaciones que se producen tierra adentro. Un 60% de estas precipitaciones se deben a las nubes del bosque, no del mar. Este es un importante papel del bosque en la costa y en las sierras situadas hasta unos 80 kilómetros de la costa.

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7. Bosques, producción de oxígeno y iones negativos

El fitoplancton marino y las plantas de los #Bosques terrestres son las que producen el oxígeno que respiramos los seres humanos. ☛

Mediante el proceso de la fotosíntesis el bosque absorbe toneladas de dióxido de carbono. Pero también produce enormes cantidades de oxígeno que sale por los estomas de las hojas al exterior y mejora la calidad del aire en la atmósfera. Un aire que respiramos los seres humanos. Un árbol sano puede producir diariamente decenas de litros de oxígeno.

    7.1 Iones negativos y sensación de bienestar 

¿Por qué nos sentimos bien cuando estamos cerca del agua en la naturaleza, en el bosque, cuando está lloviendo o después de una tormenta de agua? Esta es, seguramente, una pregunta que nos hemos hecho en alguna ocasión.

El aire siempre tiene una determinada concentración de iones que son unas diminutas partículas cargadas de electricidad. Se trata de una carga electrostática muy pequeña pero muy importante en la vida de los seres vivos. Debido a los iones del aire, generalmente, las personas solemos reaccionar a los efectos eléctricos que hay a nuestro alrededor.

Sabemos que la presencia de iones negativos en el aire despeja la mente, levanta el ánimo y produce una sensación de alivio y bienestar, tanto físico como psicológico. Tienen un efecto vigorizante y saludable sobre el metabolismo humano que es más intenso cuanto mayor es la concentración de iones negativos.

Mientras que los iones positivos pueden llevarnos a estados depresivos, cansancio e, incluso, pueden hacernos enfermar.

Fotos Canva

    7.2 ¿Cómo adquieren los iones su carga negativa?

La función clorofílica que desarrollan las plantas durante el día desprende numerosos electrones que pronto se adhieren a los átomos de oxígeno formando iones negativos. Se ha comprobado que el aire fresco de las montañas contiene muchos iones negativos y sentimos sus efectos beneficiosos cuando, por ejemplo, pasamos un día en el bosque. La absorción de estos iones se realiza cuando respiramos y a través de nuestra piel.

Los iones negativos se producen a veces por efecto de la radiación solar y estelar o por la influencia de los relámpagos. También se producen en las cataratas o en los saltos de agua, cuando las olas rompen sobre la playa, en las corrientes de agua,…

La formación de pequeñísimas gotas de agua libera numerosos electrones. Es lo que se conoce como Efecto Lenard. Este se presenta cuando el agua está sometida a una fuerte agitación, como en las cascadas, las olas del mar o la lluvia intensa. Cuando el agua cae por el aire, los iones se cargan de electricidad. Su carga negativa los convierte en un imán que arrastra la suciedad y el polvo al suelo, limpiando y purificando el aire.

En campo abierto el aire contiene entre 5.000 y 6.000 partículas de polvo y polen por mililitro. Y cuanto más limpio está el aire, el oxígeno se distribuye más rápido por nuestro cuerpo. La sensación de frescor y bienestar general que produce es lo que hace que nos sintamos tan bien.